viernes, 27 de marzo de 2015

semana santa



Querido ateo:

Sé que quizás para ti esto no sea importante, pero quiero transmitirte que aunque desprecies todo lo que esté relacionado con Dios, hay situaciones que estremecen a cualquiera, sea cual sea su condición y su creencia. Te habla un cofrade, que no intenta convencerte, sino transportarte a su cuerpo y hacer que sientas lo que él durante esta semana de pasión.

Ya es día Santo y después de meses preparando la salida por fin este año no la estropea la lluvia. El gentío expectante confía, en silencio, que este año se acabe su espera y  por fin se abren las puertas del santuario. Aparece una cruz de madera con ribetes de plata y dos faroles que iluminarán y guiarán los pasos cofrades.

El silencio se rompe cuando el capataz coge el llamador y lo golpea,- al cielo con el Señor- y en los hombros del costalero se renueva la  fe un año más.
                                                                                                              
Los pies “rachean” y con ese soniquete que envuelve el aire perfumado con incienso, el Señor sale a la calle. Un redoble de tambor, un estruendo de trompetas y poco a poco se recorren las calles entre vivas y aplausos, sonrisas y lágrimas y gente, que en silencio, reza una oración mirando a los ojos a Dios redentor.

De repente, mientras el paso hace su “revirá”, un anónimo se arranca con su garganta rota a cantarle con saetas que se adentran por el oído  para quedar grabadas  en el corazón, ya que sin quererlo expresan nuestras palabras.

Parece mentira, pero horas más tarde el recorrido se ha terminado y  nuestro sueño un año más se acaba. Es hora de ver y esperar todo lo que nos deparan los meses próximos, el Rocío, el Corpus Cristi, el adviento, la navidad y otra vez, cuando todo esto pase volver a pasear con el señor en los hombros. Ese hombre que hace tiempo fue penitente como yo.