jueves, 3 de noviembre de 2011

La academia de sonrisas. (Historias de Guasalot)

Hace mucho tiempo ya, el mundo era un lugar triste, donde nadie podía sonreír. Sin embargo, en el reino de Guasalot, vivía un haga que tenía el poder de hacer feliz a todo el mundo. Se decía que era tanta su felicidad que podía regalársela a todo aquel que fuera a visitarla, porque era tan bella, que con solo una sonrisa suya, el hombre más triste del mundo podría volver a ser feliz.

Muchos fueron los que se agrupaban a las puertas de su casa para que los sonriera, pero muchos más los que querían conquistar su amor con el fin de alcanzar la felicidad suprema y no tener que volver a pasar penurias. Ella, sin embargo, siempre se negaba a enamorarse porque prefería regalar su sonrisa a todo el mundo y no solo a una persona.

Un día llegó a Guasalot un hombre extranjero que había recorrido medio mundo para encontrar al hada. Él había sido muy desgraciado desde pequeño, quedó huérfano con tan solo tres años y su vida había sido una inmensa serie de penurias.

Una noche, estando en una taberna, escuchó hablar del hada, de la que decían que era el ser más maravilloso de la tierra. Después de escuchar, estupefacto, la historia de aquel hombre decidió buscar la felicidad allá donde fuera.

Tardó casi diez años en llegar hasta Guasalot. Cuando llegó a la muralla del reino, venía magullado y harapiento. Tenía la ropa llena de sangre de heridas y su cara estaba negra por la mezcla del polvo del camino y las lágrimas derramadas.

Estando ya ante la muralla, cayó rendido y estuvo tirado en el suelo hasta que un campesino lo recogió y lo llevó a su casa. Estuvo durante diez días postrado en la cama, donde, mientras dormía, relataba su historia a través de los sueños.

El campesino, después de escucharlo, llamó al hada para que fuera a visitarlo. Al llegar a la casa, la sombra empezó a invadir la cara del hada como si, de repente, toda la felicidad que tenía se hubiera esfumado. Al ver al extranjero sintió una punzada en el corazón, como si una flecha le hubiera atravesado.

Se acercó lentamente y, justo cuando estaba rozando con las manos el cabecero de la cama, el extranjero despertó, cruzando la mirada con el hada, lo que hizo que se sintiera el hombre más feliz del mundo.

Pasaron los días, las semanas, los meses y el hada y el extranjero cada vez estaban más unidos. Pasados los años se casaron y tuvieron un hijo. Éste adquirió el don de su madre de hacer feliz a la gente y el gusto de su padre por viajar. De esta manera, decidió recorrer la tierra regalando una sonrisa para que, con el tiempo, el mundo pudiera ser un lugar feliz.

Tras muchos años viajando y haciendo que la gente sonriera, él volvió a Guasalot y allí fundó una escuela de sonrisas en la que no era necesario un don como el suyo, sino las ganas de hacer feliz a la gente. Por eso y, gracias a él, desde ese momento, el mundo está plagado de hombres que te hacen sonreír.

(A los payasos y a aquellas personas que en algún momento de mi vida me hicieron sonreír)

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