lunes, 28 de marzo de 2011

reyerta solitaria

Por los filos de aquellas palabras
las heridas más sangrientas se revelan,
flemas de ironía esputan sus entrañas,
dolientes aún por la reyerta.

Brillan a la luz de una navaja,
tonos perdidos, voces muertas
que en el silencio se resquebrajan,
vagando más allá de aquella puerta.

Rota, esclava de la angustia, fustigada,
principios de retórica descompuesta.
Hoy la vida se ha debatido a ultranza,
solidificando aquella vieja apuesta.

Las almas se retiran abatidas, acabadas.
Las palabras ríen el sentido de esta ausencia
y dicen en el tono más canalla
que aún la esperanza acierta.

Hoy el fénix ha llorado sobre una garganta
que, doliente, acallaba en su respuesta.
Resucitando estaba un sueño en su almohada,
allí encontró el camino hacia su esencia.

Pero más allá las voces no dicen nada,
y arrastrando su cuerpo por la arena,
las heridas rompen en lágrimas amoratadas
que tiñen, por completo, los campos de mi tierra.

Y porque no quiero más lucha de mesnadas
y porque estoy harta de esta noche de higueras,
se acabó el sentirme enajenada…
Para mi, se acabó esta guerra.

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