miércoles, 2 de junio de 2010

Sombría es la distancia que nos juzga,
Juego al escondite pero nunca pierdo:
Nadie me busca.
Sonreír, olvido temprano,
En un momento.
Las lagunas frías relamen mi conciencia
y pierdo el corazón en una lucha satírica
y pierdo el alma en un humilde banco
donde el destino se ha propuesto reirse de mi.

Déjame volar que el tiempo muere,
Que los juegos dañan más que divierten.
Porque he olvidado que el mundo era
Estrepitosamente ajeno a mis deseos;
Porque el azar es mi peor enemigo.

Morir y vivir,
Ahogarme en un mar intenso
Prefiero, a soñar con pasiones noveladas,
Con melodías que, afónicas,
Se Deshacen
En Tu Voz.

Déjame que el tiempo ha muerto hoy,
Que no hay don ni dueño en mis minutos.
Que no quiero olvidar aquella roca
Que se desquebraja en el flujo
De sus Lágrimas.

Poesía átona atontada por el fin
Rima sostenida en el sentido de un arlequín fugaz.
Fui eco de un narciso desdibujado en el agua
y, ahora, soy yo este borrón de tinta.

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