miércoles, 5 de mayo de 2010

puñales momentáneos

Cambio ese puñado de personas
por una carretera vacía y solitaria.
Busco en el fondo de aquel camino
el color de las luces de mil bares
y vuelvo a recorrer el tiempo subrayado.

Hoy han enloquecido los flexos de la noche,
parpadeantes luces de vidriera gótica.
Brillando, la luz sobre la sabana húmeda
empapa en sudores impacientes
que nos obligan a pensar.

Trago con el caprichoso azar,
y me encargo de aguantar sobre mi espalda
las bandejas del fermento de esta vida.
Sobre mi mano, la cruz de aquellas noches
que aún no han querido acabarse.

Agoto las apuestas, vuelco los bolsillos
y solo guardo una última moneda.
Espero que la suerte devenga
la cantidad suficiente para hoy.
No puedo perder otra partida

Ábreme la puerta de este infierno,
donde una vez me negué a entrar.
Ábreme, que quiero endeudarme en razones,
apostando por un dos de almas
que se ha arrojado en el tapete.

Déjame, amigo Don, que juegue hoy,
que quiero perderme entre el olvido.
Déjame, no hablemos más del futuro incierto
que no me quedan fuerzas para imaginar,
y solo quiero vivir en este instante.

Déjame, que vivir no es más que el momento.
Recogeré mis ganancias peseteras
Y, aunque ya no valgan nada,
Algún día las someteré al juicio de conciencia
Pero ya será muy tarde, porque estaré perdida.

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