martes, 20 de abril de 2010

palabrerías de juego intenso

Me he cansado en el sendero de mi vida y, sentada, espero a ver si las llagas de mis pies se curan un poco para seguir caminando. Recurro la sentencia de que, descansar en el camino, no es correcto mas, si por esperar debo morir en este instante, prefiero morir imponiendo mi orgullo ante la suerte.

No hablo, solo miro mis constantes pasatiempos como si nada. Me acerco al mundo, al camino; me levanto sospechando que volveré a quemar mis pies descalzos, sin embargo, cada vez encuentro menos causas que me lleven hasta el oscuro averno que me arrastraba. He despertado y menos mal que lo hice antes de caer rendida y no poder mirar de nuevo al cielo.

Siento un pequeño halo quijotesco que se despierta en mi cabeza, pero no es locura, sino un pequeño fragor intacto que me lleva, que me anima el ánima para que saque el valor e, impacientemente, vuelva a resurgir de mis cenizas.

Ahora apaciento mi mirada y, entre tanto, voy rescatando aquella sonrisa, aquella luz que me ha guiado. La que tantas veces logró hacerme ver que sufrir era lo último en esta vida. La veo, la toco, sé dónde ha quedado aquel amor que tanto profesé y que aún profeso. Grito hacia el universo las palabras más bellas que jamás grité, me declaro platónicamente enamorada e ilustro cada segundo en el papel que compartimos.

Es un mundo mimético pero en el amor me contemplo y recreo como si nada antes hubiera existido. Quiero más y más y, a decir verdad, gasto en esta empresa todo el aliento que exhalo pues, no tengo más necesidad que ser pirata de este amor.

Me he propuesto, al fin, levantar el vuelo. Surco las blancas olas que rodean mi camino, navego hasta la ínsula que nace mar adentro. Busco el sentido intacto en las brújulas del destino mas vivo en el silencio por no despertar a las furias, ni escribir los prólogos de su desconcierto.

Soy una amante que ama sin reproches, soy bucanera en una isla perdida que nadie, nunca, ha hecho suya por un tiempo. Soy reina de mi reino y, con un poco de madera, he creado un universo nuevo donde descansar del bullicio es la ley regente.

Las palabras son mi arma preferida. Jamás, en la guerra, he perdido mis batallas pues, la veracidad de mis juicios nunca ha sido puesta en duda. Aprendí que el tiempo no discurre en pro de la ignorancia y, hasta en el último lugar de la tierra, encuentro libros que me rodean y me dejan sentir el hechizo y volar e imaginar que, aunque fuera de mi isla hay una fuerza oscura, siempre, la fantasía es mi mejor aliada.

lunes, 12 de abril de 2010

un lugar en nunca jamás

Salí de mí y el mundo se me venía encima, la gente me miraba y yo, como si nada, seguía mi camino solitario mientras echaba unas poquitas migas de pan para no perderme.

Miré al cielo, pero solo vi unas nubes que, de vez en cuando, me saludaban a su manera. Miré todo lo que me rodeaba y solo alcancé a ver tres o cuatro árboles que custodiaban aquella explanada ingente a la que había llegado. De nuevo, miré al frente e intenté seguir mi camino, sin embargo, en el centro de mi senda se abrió una zanja que cortaba la llanura en dos mitades.

No me hizo falta ni plantearme si podría cruzarla. La zanja se expandía hasta el horizonte abrasando el paisaje con un halo de desilusión, de sombras, de trastorno. Intenté rodearla, buscar un paso por donde cruzar pero, a pesar de todo, la zanja cada vez se abría más separando mi yo de mi ello.

Volví a desandar lo andado y me senté en el punto donde había dejado mi camino. Crucé las piernas y, mientras apoyaba mi cara sobre las manos, el sol iba declinando. En ese momento, una mujer vestida de encaje se elevaba con un niño entre sus brazos haciendo gala de una oscura espesura bajo sus pies.

Seguí allí, pensando cómo podría acabar con aquel estorbo que se imponía ante mí. La mujer seguía elevándose mientras que yo me sumía en un sueño. Veía una gran ciudad, humo, cemento, alquitrán... Un sinfín de personas que iban y venían como un péndulo, mujeres muertas, azotadas por un loco que aún andaba suelto; animales maltratados e intoxicados por el mal uso de la producción artificial, hombres buenos internos en una cárcel de cristal y papeles.Golpee cada muro de esa prisión, intenté romper aquel hechizo que estaba desquebrajando el mundo, el camino que yo estaba siguiendo.

Allí seguía durmiendo, mientras la zanja se hacía aún más grande; tanto, que caí en ella sin ninguna posibilidad de salvarme. Intenté despertarme, pero ya era tarde. Sin embargo, mientras mis ojos luchaban contra su incapacidad de abrirse, mientras que no dejaba de ver aquella prisión que me llamaba, sentí que mi cuerpo se posaba sobre un campo de flores.

Al instante, una mariquita comenzó a subirme por el brazo haciéndome sentir un pequeño cosquilleo que me acercaba a una sonrisa. Seguía subiendo hasta que llegó a mi hombro y, como si fuera mi conciencia, con un susurro que me abrumó los sentidos me dijo: despierta.

En ese instante abrí los ojos y lo encontré junto a mí, era él, el chico que estaba al fondo del horizonte. Sin embargo, esta vez, nada nos separaba. Estábamos él y yo, sentados frente al fuego leyendo aquella aventura que tantas veces me hizo soñar: un lugar en nunca jamás.