martes, 16 de febrero de 2010

A Vidal Alba de Diego, el hombre del sombrero


Hoy ha sido un día bastante intenso ya que la realidad me ha vuelto los ojos y ha abierto un camino que jamás había imaginado. Casi caían mis lágrimas cuando he sentido su fuerza, una fuerza de espíritu que muchos querrían tener pues, a pesar de que a su cuerpo le falta un soplo de vida, es capaz de sonreír.

He observado con interés cómo alguien que ha vivido tanto puede seguir enseñándote mil cosas en pocas palabras. "Es tan milagroso esto del habla, que hasta yo que soy un poco agnóstico comienzo a creer en Dios". Ojalá esto no fuera tan injusto... Siempre sufre el soñador y vive el que no lo merece, el que no aprecia su vida ni nada de lo que le rodea.

Hoy he visto un sentimiento superior, una fuerza que ojalá no se extinguiera porque podría dar mucho más de lo que ya ha regalado al mundo. Debe de ser un hombre extraordinario, no lo sé a ciencia cierta, pero aseguraría que detrás de esa estampa débil, que apenas se sostiene, hay un luchador nato que quiere seguir con su vida.

Quisiera disfrutar de esa sabiduría inmensa, de esa sonrisa que le hace parecer más niño, más humano. Quizás sea un simple hombre que esconde bajo un sombrero miles de secretos hundidos ante la muerte, pero hoy, conmigo, ha triunfado en vida una vez más.

Gracias por esa enseñanza ingente.


Vidal Alba de Diego falleció a finales del curso 2009-10 por un cáncer. Fue un filólogo extraordinario y un gran profesor de fonética y fonología. Hubiera sido todo un placer haber dado clase con él, sin embargo, su enfermedad no me lo permitió. Igualmente, una sola clase me sirvió para ver la magnífica persona que era.

2 comentarios:

  1. Precioso homenaje. La verdad es que hizo un esfuerzo enorme por ir a dar esas clases y es una maravilla que lo agradecieráis de esta forma tan bonita. Seguro que le hubiera encantado.
    Muchas gracias por escribirlo.

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  2. Lamento mucho la pérdida de un excelente filólogo y profesor de lengua, gracias a él amé más aún nuestra lengua y aprendí muchas cosas que después he seguido utilizando siempre. ¡Ojalá y existieran muchos otros Vidal Alba de Diego! con esa pasión por la lengua española que sabía transmitir a sus alumnos. Hasta siempre.

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