lunes, 7 de diciembre de 2009

Llegó la Navidad a Madrid

Aun son principios de Diciembre; ni siquiera se ha acabado el puente de la Constitución pero, sin embargo, mi queridísimo pueblo madrileño y español ya está pensando en otra fiesta, en vacaciones, en la Navidad.

No importa el hambre en el mundo, ni la guerra, ni el impacto medioambiental; qué va a importar la crisis mundial, ni la subida o bajada del euribor, ni tampoco que el plan Bolonia no sirva para nada, ni que España se caiga a pedazos, y qué menos que en casa no haya apenas para comer, que papá esté desempleado, o mamá, o el "tate" o incluso el hermano de la abuela del vecino, que es mi primo. España está decidida a gastar un dinero que no tiene y que está claro que no se sabe de dónde va a sacar.

Es triste, muy triste el hecho de que por Navidad la gente se eche a la calle en busca de un pavo - el más caro, por favor- o de unas navajitas- ¡galleguiñas eh!- o de un vino que valga 300 € la botella.

Sopesamos la realidad y queremos celebrar el fin de un año en el que todo, absolutamente todo, ha ido de mal en peor y lo único que hemos hecho ha sido pasar una penuria tras otra. Hemos llorado, hemos sufrido, nos han boicoteado, suspendido de empleo y sueldo indefinidamente y nosotros, como tontos, nos gastamos los pocos ahorros que tenemos en un cupón vano de Doña Manolita que, ni por asomo, nos va a tocar.

Creemos en la bruja de oro pero la verdad es que aquí los españolitos no tenemos ni un duro en el bolsillo y que, el que lo tiene, o se lo gasta en cosas inútiles o algún listillo se lo quita del bolsillo mientras pasea.

España es una realidad aparte en el mundo. Primero la televisión nos dice cómo ahorrar por navidad y acto seguido el anuncio de entrada es el de Freixenet, el champán más caro de todo el mercado.

Somos un país de seguidores y borregos amancebados que no acaban una fiesta para meterse en otra. Es realmente penoso que desde finales de noviembre haya luces de navidad que, a veces, asemejan las calles del casco histórico al cartel de un sex-shop.

Pasear por Madrid en Navidad provoca problemas de salud,si bien,en principio, te crispa los nervios y te destruye las pupilas en un asalto; pero, acto seguido, el claustrofóbico retorna a agorafóbico pues las calles han sido invadidas por una caterva de personas que, sin otra cosa que hacer y, por supuesto, sin dinero, se pasean con un halo de ilusión falsa en la cara porque el Corte Inglés se decidió a vender que la Navidad era una época de regalos.¡Qué mentira más comercial!

Navidad, desde el punto de vista religioso, es la celebración de que Dios se hizo hombre -hasta ahí todos de acuerdo-. Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que, a pesar de la fuerza que la Iglesia aun tiene en el mundo, el hedonismo pudo a la fe y el hombre moderno es sustancialmente ATEO, es decir, celebramos la navidad por las vacaciones, no por el hecho de creer en el fundamento de la fiesta.

Vivimos en un mundo banal, libertino, bruno, donde todo lo que importa es el hoy y no el mañana. No importa no poder vivir un mes entero si hoy la fiesta continúa en el afterhours hasta la una del medio día.No importa no poder vivir un mes entero si hoy puedo tener un portátil nuevo de 1700€. No importa no poder vivir un mes entero si hoy como el mejor marisco del mercado.

Nada importa ya, solo se vive una vez y esta es la que nos toca pero, una cosa habrá que recordar, cuando la vida vuelva a su curso normal, cuando la cuesta de enero no sea cuesta sino pared... Ahí será cuando, de verdad, España se de cuenta de que nadie espera ni perdona, de que el dinero es mal amigo y que nada, absolutamente nada de lo conseguido, ha servido para llenar los huecos inmateriales de la vida.

Mientras tanto, ¡¡ Feliz Navidad!!

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