viernes, 27 de marzo de 2015

semana santa



Querido ateo:

Sé que quizás para ti esto no sea importante, pero quiero transmitirte que aunque desprecies todo lo que esté relacionado con Dios, hay situaciones que estremecen a cualquiera, sea cual sea su condición y su creencia. Te habla un cofrade, que no intenta convencerte, sino transportarte a su cuerpo y hacer que sientas lo que él durante esta semana de pasión.

Ya es día Santo y después de meses preparando la salida por fin este año no la estropea la lluvia. El gentío expectante confía, en silencio, que este año se acabe su espera y  por fin se abren las puertas del santuario. Aparece una cruz de madera con ribetes de plata y dos faroles que iluminarán y guiarán los pasos cofrades.

El silencio se rompe cuando el capataz coge el llamador y lo golpea,- al cielo con el Señor- y en los hombros del costalero se renueva la  fe un año más.
                                                                                                              
Los pies “rachean” y con ese soniquete que envuelve el aire perfumado con incienso, el Señor sale a la calle. Un redoble de tambor, un estruendo de trompetas y poco a poco se recorren las calles entre vivas y aplausos, sonrisas y lágrimas y gente, que en silencio, reza una oración mirando a los ojos a Dios redentor.

De repente, mientras el paso hace su “revirá”, un anónimo se arranca con su garganta rota a cantarle con saetas que se adentran por el oído  para quedar grabadas  en el corazón, ya que sin quererlo expresan nuestras palabras.

Parece mentira, pero horas más tarde el recorrido se ha terminado y  nuestro sueño un año más se acaba. Es hora de ver y esperar todo lo que nos deparan los meses próximos, el Rocío, el Corpus Cristi, el adviento, la navidad y otra vez, cuando todo esto pase volver a pasear con el señor en los hombros. Ese hombre que hace tiempo fue penitente como yo.



jueves, 9 de mayo de 2013

Po(e)ta en Berlín

Las ratas corren por la calles,
Salen haciendo suya la acera
Mientras que el hombre, impávido,
No ve más allá de sus narices
Aunque mire hacia el horizonte.

Escombros de su sombra,
Un imperio que fue, desiste.
Berlín: metal y vigas que se reconstruyen
Alzándose hacia un cielo inmóvil.
El dolor de ayer se apega al gris,
Gris celeste, cemento gris,
Gris que acomete como una espada
Blandida en la lucha contra un pasado lóbrego.
Gris la calle, una mirada gris,
Gris la rata, el habla gris
Que se encierra en sí misma
Rompiendo cualquier intento  de relación.
Un imposible.

Camino y camino y el color me invade,
La sonrisa se pierde con las horas
Es concentración encerrada:
Una vuelta al demacrado rostro de la guerra
Entre un yo cansado y su ilusión de superhombre.
Y camino y camino. Camino
Y la calle no se cansa
Y mi cuerpo no se mueve
Porque la puerta se abre paso hacia el espíritu
De su leyenda negra;
Una leyenda que se regocija en su sombra
Y que irrumpe en los ojos, que sangran
Por el horror de ver la muerte como feria.

Berlín es un campo concentrado en grises tonos:
Hombres que se vuelven de metal,
Corazones de latón que laten tristes
Un lugar sin aurora,
Sin esperanza posible,
Porque la ciudad se ha creído su mentira
Y vive en su cronotopo incalculable.
Allí el mundo de los vivos ha muerto
Y millones de zombies andan sin saberse enfermos
Mientras que los demás
Queremos huir.
Las cadenas se han hecho con los cuerpos
Y en su invisibilidad han quedado para siempre.

Berlín es la cárcel de Europa
Con sus calles alineadas, con sus alienadas gentes
Que se disponen paralelas
Entre blanco y negro
Creando un gris roto que se expande.
Berlín es mi propia cárcel
Y quiero huir, quiero volverme
Porque mi casa dicen que muere
Que está descuidada por el poder,
Que se ha hundido en el dinero y su incultura;
Pero prefiero mi precaria libertad,
Mi pajareo alegre.
Prefiero mi sol de luz cambiante
Y el colorismo de esta lucha
Por levantarnos de nuestra caída estrepitosa.
Lo prefiero a esa utopía extravagante y fría
Que en su sueño inmundo
Llora al tiempo con la lluvia ausente.

domingo, 21 de abril de 2013

autocensura

Por razones de práctica editorial el blog va a ser autocensurado hasta nuevo aviso. Los poemas "lo prohibido" "la metáfora de otro" y "valiente" serán borrados. Disculpen las molestias.

viernes, 22 de marzo de 2013

Metamorfosis


Despliega sus alas coloridas
Como un árbol alza su ramaje,
Movido por el viento, ambiciona
A recoger un espacio y removerlo.

Allí juega la mariposa
Agarrándose al rozamiento atmosférico,
Suponiendo que encerraba los segundos.

Hacía frío.

Se encerró en su cuerpo,
Se tapó con sus mantas
Haciendo de sí un arco-ovillo.

Era como un puro de fino tabaco
Que se escondía entre luces blancas
Que se dispersaban en reflejos.
Volvía al ser, volvía a nacer.
Era cúpula reintegrante.
El tiempo se le echaba encima.
Volvía, volvía al génesis.

Pasaron los días del invierno,
Pasaron ya las blancas noches,
Se acercaba la flor al mes caliente
Y vi romperse la crisálida de aquellas alas
Donde un gusano resurgía, triste imagen,
De aquellos colores; me encontré sus patas:
Repugnantes manos, polvorienta pasionaria.

Ya al árbol le picaba la corteza,
Quería arrancarse aquella muda.
El estertor se hacía eco entre sus ramas.
Le picaba, aquel monstruo le picaba.

Las ramas se le encogían,
La oruga allí lo penetraba.
La belleza nos lo hizo imperceptible.
Los colores lanzaban la incógnita,
La trampa su máscara coloreada.

El árbol en pedazos se deshacía.
Caía con la aguja del reloj.
El viento repetía el eco, el viento.
Viento de expiración sin esperanza última.

Caía así la última hoja, en primavera
Fue la pasión del árbol de savia pura,
Que creyendo en la imagen de la mariposa
Se vio apuñalado por la oruga.

viernes, 8 de febrero de 2013

"De grammatica rerum, quae meum occidit"

( A propósito del próximo examen de sintaxis)

Ya viene la muerte a mí, en el páramo la parca me persigue.
Es viernes, la gente sale a la calle mientras que en mi casa solo hay un flexo que ilumina. La mesa está abarrotada de papeles, libros, folios en blanco que me dicen: " así, así es la vida". Me veo imbuida en la nada, las letras dicen que están diciendo algo bueno, yo solo digo que no entiendo nada. Me adentro entre las sombras y el flexo decae, se va cubriendo de tristeza.
Debería salir a la calle, pero no hay tiempo; los segundos pesan, los minutos cansan y los árboles se me aparecen. Salen como churros, se desvanecen como el polvo: cambio de hoja y adiós... Comienza de nuevo.
Llevo el día entero adentrándome en el bosque, la pitonisa a veces me rescata, pero solo es un puente pequeño, un salto ínfimo para todo lo que hay que subir. Los escalones van de núcleo a núcleo y es la esencia del saber que la vida se me va entre estas cosas.
Mañana será otro día, saldré casi con el sol, corriendo entre la gente que vive alegre un sábado, como judíos en su día de fiesta; pero para mi no hay xabbat, hay sabatina y campanas: campanas que redoblan a muerto.
Que salga el sol por donde quiera, que mañana el bosque se abra y en sus hojas encontremos un poco de luz. Yo solo pido eso. No quiero morir sabiendo que lo estoy haciendo. Que mañana la vida sea un logro, uno más entre tantos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ruinas circulares

( Facultad de Filología. Mes de noviembre)

Creo sobre lo que creo en ti
esa ficción de mi memoria.
Creo sobre lo que vi algún día
esa imagen que me despedaza.

Busco en la voluntad que la busca
y asoma por aquella ventana
la verdad, la gloria al fenecer
en esta batalla hasta la carne.

Rompo con los sueños y la vida,
alego a mi idea inmaterial
y ensordezco con los sonidos
que sin bosque ni oyente existen.

Tormento de ti me deshereda
y como en cárcel de amor marmórea
es esta ya una pena perpetua,
hora triste,  una muerte anunciada.

Estas son las ruinas circulares:
sombras del viento que me conmueven.
Son el camino, reyerta argéntea
contra el sonámbulo amor platónico.

 





Noviembre fatídico

Dulce hálito de otoño que descubre las esencias de un frío hiriente. Se me cubre la cara de una escarcha entre dulce y amarga que se va y se viene, balanceándose, atrayendo hacia sí aquel pasado que tuvo aspiraciones de futuro y sólo se quedó en pira, en fuego helado, en agua adusta.

Es noviembre con su no, su nunca vi tal cumbre como aquella, con aquel empaque; ni brebaje m
ás mortífero, ni golpe más horrible a un estado. Es noviembre de romanticismo, de amor, de muerte: todo en uno.

Son once canciones que me gritan y aproximan a la primera vez que quise perderme entre aquellos brazos y no pude o, en realidad, no quise querer perderme.

Es noviembre de recuerdo, de tristeza al ver el rostro que me alzaba al cielo y ahora solo me desfigura o, ni tan siquiera, pues no me figura en nada, excepto en odios, en silencios, en triste ausencia.

Noviembre es cólera, es tiempo perdido, es la enfermedad del año. Es la caida de un yo que no quiere ser el mismo que fue y se rebela, arrebatando a las antiguas creencias su existencia. Rompiendo los hilos que los demás tejían para establecer sus opiniones.

Noviembre es la lucha contra los fantasmas en los que una vez confié y me acercaron a aquel precipio donde yo creí poder salvar mi mundo de su muerte; donde yo me lancé como un Orfeo el cual esperaba poder salir victorioso y que, en el último segundo, se volvió hacia la sombra que le seguía y la perdió para siempre.

Noviembre no es sin ti más que la nada.
Noviembre es un mes triste.
Noviembre es un mes gris.
Noviembre es la luz negra del otoño.

Noviembre vete, noviembre.